Categoría: Anécdotas

Yaki Banana Sensei

Kodansha

En cierta forma, siempre me ha interesado la enseñanza.

Cuando uno es pequeño las grandes verdades, salvo excepciones, no son demasiado cuestionadas. Me explico.

Los niños -afortunadamente y aunque le pese a algunos- hacen muchas preguntas, son una esponja de conocimiento, pero los grandes temas son incuestionables.

Los padres son la ley, una especie de superhéroe casero, Santa Claus y los payasos, lejos de dar risa, dan mucho miedo y, aunque muchas veces no nos interese lo más mínimo, todo lo que dice la televisión y el profesor, es verdad.

Al crecer y madurar, uno se da cuenta de que todo es relativo, de que tu padre no tiene tanta fuerza o de que muchas de las cosas que se dicen en las aulas no son verdad. En algunos casos, opiniones y en otras informaciones totalmente equivocadas, bien porque el conocimiento avanza demasiado rápido, bien por incompetencia del profesorado.

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Primer contacto con la industria de los videojuegos

Video Games by Ry Spirit

Hace unas semanas recibí el email de un italiano que trabajaba en una importante empresa de adaptación de videojuegos a las diferentes lenguas o, como se conoce en el mundo anglosajón, videogames localization.

Me comentaba que había recibido mis datos de contacto a través de otro español y me preguntó si estaba disponible para trabajar en un proyecto que se iba a extender por buena parte del mes de abril. Lamentablemente, no pudimos ponernos de acuerdo con las fechas y nos citamos para futuras colaboraciones.

Dicha colaboración no se hizo esperar, ya que un par de semanas después volvió a contactar conmigo ofreciéndome la posibilidad de unirme a un nuevo proyecto, esta vez con fechas de trabajo mucho más flexibles.

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Entrevistas de trabajo y otras tonterías

salary men

Por fin estoy buscando trabajo de forma más o menos seria. Como la necesidad no ahogaba y todavía tengo mucho japonés que aprender lo he ido dejando para más adelante. Ahora es ya ese “adelante”.

No voy a profundizar demasiado en cómo buscar trabajo en Japón o cuales son los requisitos que se necesitan para conseguir un visado de trabajo. Ya hablé de las dificultades que conlleva en algún que otro post y me da mucha pereza seguir rizando el rizo. Lo que si que voy a hacer es contar como ha sido mi experiencia contactando con tres empresas diferentes y con una oficina de empleo para extranjeros en Osaka. Todo esto que cuento ha de ser interpretado teniendo en cuenta que dispongo de visado de trabajo. Para los “sin papeles” la realidad es muy diferente.

Uno de los primeros pasos que tomé cuando empecé, muy tranquilamente, a buscar trabajo fue acercarme a una oficina de empleo para extranjeros en Osaka, Umeda. Echando un vistazo en su página web descubrí con sorpresa que disponían de personal capacitado para atender en español dos días a la semana. Elegí uno de los que había disponible, monté en la bici y allá que me fui.

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Yo también quiero un novio japonés… Ligar y empezar una relación

Chicos japonesesNo, no me he vuelto ni loco ni he salido del armario.

El título hace alusión al sentimiento de muchas de las lectoras del blog que sueñan con algún día compartir algo más que palabras con el japonés de sus sueños.

Muchas veces me apetece hablar de temas que no conozco y mi sentido común me frena los pies. No voy a caer, al menos deliberadamente, en el error de hablar de cosas que desconozco o que no he vivido en primera persona. Lógicamente todo lo que yo dijera sobre como ligar con hombres sería (espero) erróneo y carente de interés.

Aquí en Kansai, tenemos una revista gratuita, en inglés, que se llama Kansai Scene, suele estar escrita por residentes anglosajones que escriben sobre temas relacionados con Japón, ya sean culturales o de ocio. Tengo un montón de revistas guardadas en casa que seguro que servirán de inspiración para más de un post.

El caso es que hoy, revisando la KS de este mes me ha llamado la atención el artículo de una inglesa que explica como es la relación de una occidental con un japonés y se encarga de desmontar algunos mitos que circulan en torno a los chicos japoneses – que pena que los temas sexuales no los toque, estos puritanos…

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De bicicletas, médicos y persecuciones policiales

Bicis

Con tanto proyecto entre las manos, videos, redes sociales y demás historias se me está olvidando lo que es en realidad este blog: un diario personal.

Llevamos en Osaka viviendo ya algo más de un mes, y son ya poco más de dos meses desde que llegamos a Japón. Hay que ver como pasa el tiempo.

Todavía es pronto para hacer valoraciones pero las primeras impresiones son muy buenas. Nuestro apartamento es bastante acogedor, totalmente reformado (estrenamos la reforma nosotros) y situado en una zona realmente conveniente (べんり). Andando, tardo sólo 5 minutos en llegar a la estación de Namba o Nipponbashi, 10-15 minutos a Shin-sekai, y si utilizo la bici, me planto en 25 minutos en Umeda. Vamos, que lo tenemos todo cerca.

Ya sabes que Japón es un país donde se utiliza mucho la bicicleta y a diferencia de otros países, como el nuestro, aquí se puede circular prácticamente por donde te venga en gana. No hay día que no me acuerde de las estúpidas sanciones y multas que la policía local española reparte entre los ciudadanos por circular por la acera ¿estamos locos? En Japón, únicamente en el área metropolitana de la capital se acumula prácticamente la totalidad de los habitantes del territorio español (36 millones por 47 de España), y muchos de éstos circulan diarimente por la acera, asfalto o por donde pueden, y con un poquito de respeto y educación no pasa nada de nada.

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Un reno bailarín en Umeda

yukia.org

Caminando por cualquier ciudad japonesa uno se encuentra con cosas de lo más curiosas.

La gente aquí se apasiona por todo lo que hace. Los trabajadores intentan siempre dar lo máximo, no es raro ver a vendedores corriendo por los pasillos de cualquier centro comercial, cuando lo cierto es que no hace ninguna falta, y los aficionados a cualquier temática llevan siempre sus aficiones hasta límites insospechados.

En los parques puedes ver a gente practicando todo tipo de cosas: ensayando coreografías imitando a sus ídolos, futuros barman lanzando botellas al aire, aspirantes a cómicos que practican sus números en un teatro invisible, trucos de magia, habilidades deportivas. Todo esto practicado una y otra vez, hasta adquirir un dominio absoluto o estar preparado para llevarlo a un siguiente nivel.

Tampoco es raro ver a gente en los salones recreativos mostrando sus habilidades ¿Os acordáis de este tío que aporreaba los botones de la recreativa increíblemente rápido? (minuto 02.19 del video). Basta con acercarte un sábado o domingo por la tarde a cualquiera de los diferentes Game Center para alucinar con la habilidad que tiene la gente para tocar los tambores, sincronizar los movimientos o incluso bailar. El otro día mismo vimos una pareja de escolares que “jugaban” a dobles en una de estas máquinas de bailar, bajo la atenta mirada de unas quince o veinte personas.

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Entrevista en La noche de COPE

Osaka

El otro día me escribieron de la COPE, en concreto de La noche, programa que se emite todos los días de madrugada.

Me comentaron que tenían una sección todos los sábados sobre los diferentes españoles que se habían animado a emigrar al extranjero y me preguntaron si me podían entrevistar la noche del 1 de diciembre.

Les contesté que igual no era la persona más apropiada porque total llevaba aquí un mes y ni siquiera había empezado a buscar trabajo. Les dije que hace un par de años había vivido unos meses en Tokio, pero que esa era mi única experiencia.

Respondieron que no había ningún problema, al contrario, sería un testimonio interesante para ver como es la experiencia de marcharse a vivir fuera.

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Limpieza de orejas a la japonesa

El otro día estuvimos en Nipponbashi y descubrí con mucha alegría que se encuentra a menos de 10 minutos andando desde nuestro nuevo apartamento en Namba. Por si alguien no lo sabe, Nipponbashi (o Nihonbashi) es el equivalente de Akihabara en Osaka, el barrio donde la tecnología y el frikismo se unen para conformar un territorio único y muy interesante. Al igual que su correspondiente tokiota aquí se dan cita otakus de diferente índole y es relativamente fácil (aunque en menor medida que en Akiba) encontrarse con “meidos” promocionando los cafés donde trabajan y que te invitan a descubrirlos.

Hasta aquí todo más o menos normal, hasta que llega a mis manos uno de esos flyers que reparten estas chicas y me doy cuenta de que el servicio que ofrecen es un tanto especial.

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La canción de Doraemon en un supermercado de Kobe

Siempre me ha llamado la atención el uso de los “jingles” (con origen radiofónico, las cancioncillas utilizadas en los anuncios: “yo soy aquel negrito del África tropical o Vuelve a casa vuelveeeee, por ejemplo) en Japón y la importancia que se les da.

Tanto si estás esperando el tren en la estación como si estás dentro de un centro comercial (Bic Camera, Yodobashi, Don Quijote, Labi… ) esas canciones puñeteras, pero tan entrañables se te pegarán al cerebro y estarás tarareándolas todo el santo día.

Cada dos por tres le digo a mi mujer: Asami, Japón es el país del LocoRoco, no te olvides

Ya no me sorprende ir por una gran avenida escuchando melodías diferentes cada medio minuto o estar en casa solo y encontrarme a mi mismo haciendo el payaso con una de esas piezas musicales, pero, de vez en cuando me pilla alguna por sorpresa y me entra la risa floja.

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La invasión de los ladrones… de bragas

Hay que saber interpretar todo lo que leemos sobre Japón.

Sin ir más lejos hoy estaba leyendo diversos blogs y páginas webs internacionales, en busca de información y he leído algo así como que las mujeres se dejan tocar en los trenes y no hacen nada por evitarlo. Esto es tan absurdo como incorrecto. Si una pobre mujer no hace nada por evitarlo es o porque está en estado casi de shock o porque literalmente no puede mover un dedo. La verdad suele ser complicada pero a veces se puede explicar al más puro estilo navaja de Okham

“En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla, suele ser la correcta”

Cuando leía historias sobre ladrones de bragas (Shitagi Dorobou 下着泥棒 : ladrón de ropa interior) pensaba que era algo así como una licencia del manga y del anime, pero nada más lejos de la realidad.

Asami me dice desde el sofá, que este fenómeno no aparece demasiado en las noticias porque es algo que pasa todos los días…

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Orientarse en Japón o el noble arte de interpretar los mapas

En los próximos días voy a empezar a buscar trabajo en Japón, y es inevitable que me vengan a la cabeza unos cuantos recuerdos. Os comentaba en post anteriores, como en el de trabajar en en el país del sol naciente o en el del onsen en Kobe y la sorpresa de Paul, como me había ido en alguna que otra entrevista de trabajo que había conseguido en el país nipón, y ahora, cuando empiezo a pensar en adecuar y preparar mi curriculum vitae, me acuerdo de una de las principales dificultades a la hora de encontrar trabajo en Japón: orientarse.

El sistema de identificación japonés de las ciudades en los mapas es totalmente diferente al que tenemos en España ( e imagino que en muchísimos países). Mientras que nosotros nombramos las calles y damos un número más o menos progresivo a las viviendas o comercios, en Japón las calles no suelen tener nombre (sólo las grandes avenidas y algunas excepciones) y son las manzanas ( los bloques dentro de las diferentes calles)  las que reciben un número identificativo. Así pues, si recibes una carta de algún amigo/a que vive en Japón, verás que en ella aparece el nombre de la ciudad, del barrio y tres números (distrito, manzana y casa). Muy práctico para los ordenadores, que encuentran las cordenadas de forma muy eficaz, pero muy complicado para los humanos en general y humanos con problemas de orientación, en particular. Ejemplo: yo.

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Sobre Tokio, el jet lag y la soledad de los tokiotas


Mi primer encuentro con Japón fue un poco agridulce.

Normalmente uno nunca olvida las primeras veces de aquellas cosas que tanto nos marcan. La primera vez que besas a alguien con pasión, la primera vez que pone las manos en un volante y le das al contacto, la primera vez que se va un familiar, y por supuesto, la primera vez que vas a Japón.

Como para muchos de vosotros, viajar (y vivir) en Japón era uno de esos sueños de la infancia, influenciado sin duda por tantos dibujos animados que nos perseguían de sol a sol.

Aunque mi madre siempre me recuerda que de pequeño quería ser cartero, el diablo sabrá por qué lo decía, tantas horas de televisión y de videos VHS acabaron marcando mi personalidad.

Yo era uno de esos niños que se levantaba los sábados a las 6 de la mañana para ver Johnny y sus amigos ( Kimagure Orange Road), y todas las series que se emitían hasta que llegaba la hora de salir de casa para ir a jugar a fútbol con el equipo del colegio, al más puro estilo Captain Tsubasa, claro.

Pronto Japón se convirtió en un objetivo vital, uno de esos destinos obligados que tenía que visitar antes de morir.

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El crimen y la crónica negra japonesa

La mayoría de vosotros no sabréis, alguno puede que intuya, que soy un gran aficionado a la crónica negra. Apasionado del cine detectivesco, la novela negra, la literatura pulp, que por supuesto se basan en sucesos ocurridos en la vida real ( que muchas veces supera a la ficción). Tanta es mi afición por estos temas que llegué a plantearme estudiar una segunda titulación universitaria en psicología, no para ejercer, sino para entender un poco más la mente humana y explorar los motivos del asesino, el leitmotif de acciones tan inhumanas e inexplicables.

Japón tiene fama de ser uno de los países más seguros del mundo, al menos a nivel criminal, porque por todos es sabido que no es el mejor lugar para residir tranquilo. Terremotos ( con sus correspondientes tsunamis) están a la orden del día, el monte Fuji amenaza con erupcionar el día menos pensado, y los niveles de radiación siguen siendo, relativamente, preocupantes. Aún así, el ciudadano vive su día a día de forma segura.

Tan segura que es capaz de dejar bicicletas sin atar en la puerta de casa ( aunque en algunos barrios de las grandes ciudades ya no se puede hacer), tomarse un café sólo en un bar, ir al baño y dejar el portátil y el bolso sobre la mesa o consultar un plano con la tranquilidad de que nadie va a robar tus maletas. Esto es así. Lo es tanto que en muchísimos establecimientos, incluso de grandes marcas internacionales, no hay ningún sistema de alarma, para alegría de los chorizos, que no deben de ser tantos cuando se sigue permitiendo esto. Me consta que a muchos extranjeros cuando visitan Japón les cuesta resistir la tentación.

Como empezáis a sospechar, no soy uno de esos apasionados de Japón, ciegos , que ve la realidad con cristalitos rosas puestos. Este país tiene cosas muy buenas, pero no todo es fiesta.

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Ligar en el país del sol naciente

La pregunta del millón ¿ Es fácil ligar en Japón ? Después de la eterna pregunta de donde vamos y a donde venimos, posiblemente la pregunta que más veces escuchamos los que vivimos en Japón o estamos relacionados de manera directa con este país.

Uno de los tópicos más extendidos es que las japonesas son fáciles y que es muy sencillo ligar en Japón. Pues que queréis que os diga, es verdad.

Una vez más, no quiero hacer demagogia ni me presento para el siguiente premio Pulitzer de periodismo, tan sólo doy mi opinión, basada en mis experiencias personales, conversaciones con nativos y un poquito de trabajo de cam….po ¿Qué te creías?

También hay que tener en cuenta mi nacionalidad, mi condición sexual (hombre heterosexual) y presencia, buena claro (ejem, ejem).

Imagino que tendrá mucho que ver la fascinación por lo occidental y las ganas de muchas mujeres japonesas de escapar del país, al que en general aborrecen y consideran demasiado estresante, y si me apuras, aburrido. Vamos que a los extranjeros nos lo ponen blanco y en botella.

Los japoneses lo tienen un poco más difícil, ya sea por timidez, por falta de ganas ( algo que se empieza a extender, sorprendentemente entre la gente joven) o de habilidad, pero el caso es que les cuesta. Por eso es muy frecuente ver parejas formadas por compañeros de universidad o de empresa, e incluso fiestas organizadas con el fin de buscar pareja (las llamadas Gokon).

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Un esquilado apurado en Shimbashi

Llevaba casi dos meses en Tokio y no quería darme cuenta de que necesitaba un corte de pelo. Me decía a mí mismo que en en un país como éste, poco importaba ese flequillo tan exagerado. Pero la verdad es que aquello ya cantaba.

Tenía mis razones para no querer acercarme a una peluquería japonesa. Por una parte, el idioma que, aunque después de un par de meses allí podía defenderme bastante bien,  era totalmente estéril en materia de estilismo, y por otra, la económica, mi cuenta bancaria iba disminuyendo exponencialmente y el trabajo no llegaba. Por si fuera poco, tenía entendido que en un “hair salon” japonés era prácticamente imposible gastarse menos del equivalente a unos 40 euros. Vamos dos o tres veces más de lo que pagamos los hombres en España.

No sé como surgió, pero un día, navegando entre foros de extranjeros en Japón, me encontré con una cadena de peluquerías que cortaban el pelo en tan sólo diez minutos, y a un precio muy económico: 1000 yenes, es decir, unos 10 euros.

En otras circunstancias, ni me lo hubiera planteado. Siempre he sido un poco maniático para estos temas y que un señor o señora que no habla mi idioma, ni nada que se le parezca, me cortase el pelo en diez minutos me sonaba a película de terror de la Hammer.

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Un onsen en Kobe y la sorpresa de Paul

Salí de la estación de Kyoto dirección a Kobe, no recuerdo bien si viajaba en tren bala o en la línea Tokaido, pero recuerdo que no fueron más de 50 minutos.

Iba cargado con mi maleta tamaño familiar, mi MacBook pro, mi traje, los zapatos que había comprado en Shibuya unos días antes y por supuesto la mochila con mi cámara y ópticas. Posiblemente en otro país hubiera viajado estresado, intranquilo, pensando en todo lo que llevaba encima y viajando con el miedo en el cuerpo. No en Japón.

Bajé en la estación de Sannomiya, donde había quedado con una amiga virtual que conocía de una página de intercambio de idiomas, Asami. Era la primera vez que veía a la que ahora es mi mujer.

Me acompañó a mi hotel, ella misma se había encargado de hacer la reserva, muy moderno y con onsen (balneario). La habitación era perfecta para un salary man o un viajero que estaba de paso, independiente, pero que en lugar de puerta tenía una gran cortina. Pagué el equivalente a 50 euros, sesión de onsen incluida.

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Perdido como Bill Murray en Lost in translation


El lunes pasado fui invitado a cenar en una casa japonesa.

Gustosamente me ofrecí a cocinar la cena y por supuesto todos los platos estaban compuestos por recetas españolas. No tenía mucho tiempo para preparar todo por lo que tiré por el atajo de las tapas, que siempre funciona y es muy del gusto del japonés ( les encanta disponer en la mesa muchos platos diferentes).

Brandada de bacalao ( tara en japonés), patatas bravas con allioli casero y pimentón picante de la Vera ( hombre precavido), croquetas caseras de jamón y unos montaditos de queso de brie con cebolla caramelizada (no encontré queso de cabra).  Al parecer,  la cena triunfó como la Coca-Cola (la acompañamos con un vino chileno que no estaba nada mal) y rápidamente saltaron un par de ofertas de trabajo.

Uno de los comensales resultó ser el dueño de una empresa de trajes y me preguntó si podía hacerle las fotografías del próximo catálogo (esto aún sigue en el aire), otro tenía un negocio relacionado con los libros electrónicos y quería que yo me ocupara de la portada (video de 15 segundos) del próximo libro, si no me equivoco, sobre Tadashi Kakinuma, un chef japonés, bien considerado, famoso por sus pizzas estilo napolitano. Nos citamos para el próximo sábado, es decir ayer.

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