Etiquetado: mos burger

Comer barato en Tokio (y no pisar un McDonalds)

Normalmente, siempre que aparece Japón en las noticias es, o por alguna catástrofe natural, por la presentación de un nuevo robot último modelo o cualquier otra fricada o para mostrar que la fruta se compra por unidades y que las manzanas salen a euro.
Este tipo de primicias se les denomina también noticias paja o noticias de relleno y sirven para amenizar al personal al mismo tiempo que sirven de comodín a los (pobres) editores que no saben sobre que narices hablar en las semanas en las que los políticos están de vacaciones.

Japón es una isla, bueno, un conjunto de muchas islas. Y como todas las islas del universo conocido, cuando la gente que vive en ellas quiere comprar algo que no se produce allí o que escasea por equis motivos, ha de pagar un alto precio.

Por eso el pescado y el manga son baratos y un paquete de hojas de lasaña te sale por cinco euros. Cálculo fácil.

Siguiendo la misma regla de tres si un italiano, español, francés, búlgaro o ciudadano del imperio austro-húngaro intenta vivir en Japón cocinando las mismas recetas que cocinaría en su propio país, el experimento le va a salir por un pico. Alimentos que son muy básicos para nosotros como el aceite de oliva, el queso, las especias, la pasta o algunas frutas y verduras (como el tomate) son, prácticamente, artículos de lujo, delicatessen que, salvo que tengas un buen sueldo, no te vas a poder permitir a diario.

Sigue leyendo

Anuncios

Un onsen en Kobe y la sorpresa de Paul

Salí de la estación de Kyoto dirección a Kobe, no recuerdo bien si viajaba en tren bala o en la línea Tokaido, pero recuerdo que no fueron más de 50 minutos.

Iba cargado con mi maleta tamaño familiar, mi MacBook pro, mi traje, los zapatos que había comprado en Shibuya unos días antes y por supuesto la mochila con mi cámara y ópticas. Posiblemente en otro país hubiera viajado estresado, intranquilo, pensando en todo lo que llevaba encima y viajando con el miedo en el cuerpo. No en Japón.

Bajé en la estación de Sannomiya, donde había quedado con una amiga virtual que conocía de una página de intercambio de idiomas, Asami. Era la primera vez que veía a la que ahora es mi mujer.

Me acompañó a mi hotel, ella misma se había encargado de hacer la reserva, muy moderno y con onsen (balneario). La habitación era perfecta para un salary man o un viajero que estaba de paso, independiente, pero que en lugar de puerta tenía una gran cortina. Pagué el equivalente a 50 euros, sesión de onsen incluida.

Sigue leyendo