Etiquetado: salary man

Japón en un vistazo: La oficina

David oficina

Haciendo limpieza en casa, y descartando cosas que no necesitamos, Asami ha encontrado un libro que me ha parecido muy interesante. Se podría traducir algo así como “Japón en un vistazo” y es uno de esos libros que tanto gusta a los japoneses, una especie de manual bilingüe – en japonés e inglés- donde se explican brevemente diferentes aspectos sociales y culturales del país nipón y que vienen tan bien de cara a presentar Japón a extranjeros cuando se viaja o cuando se recibe invitados.

Ojeando el libro me ha llamado la atención un par de páginas donde se explica como es el día a día de un salaryman -oficinista- en el país del sol naciente. Aprovechando esta excusa y basándome en mi propia experiencia, voy a empezar una serie de posts breves sobre estos aspectos, apoyándome en infografías inspiradas- o directamente escaneadas- de este libro.

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Yoshinoya, gyudon fast food en Japón

Yoshinoya

Seguro que más de uno cuando piensa en gyudon le viene a la cabeza Kinnikuman, es decir Musculman, comiendo sin parar (el “arròs amb bou” de la versión catalana/valenciana). Este plato es uno de los más populares del país, especialmente entre aquellos que no disponen de mucho capital o simplemente no tienen demasiado tiempo para comer, y sin duda Yoshinoya es la cadena de restaurantes de este tipo más famosa de Japón.

Kinnikuman

Aunque tenga poco que ver con el concepto al que estamos acostumbrados, Yoshinoya es un restaurante “fast food” en toda regla. Precios muy económicos y mucha velocidad, tanto en el servicio como en la forma de comerlo. Aquí no se come, se traga casi sin masticar.

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Un esquilado apurado en Shimbashi

Llevaba casi dos meses en Tokio y no quería darme cuenta de que necesitaba un corte de pelo. Me decía a mí mismo que en en un país como éste, poco importaba ese flequillo tan exagerado. Pero la verdad es que aquello ya cantaba.

Tenía mis razones para no querer acercarme a una peluquería japonesa. Por una parte, el idioma que, aunque después de un par de meses allí podía defenderme bastante bien,  era totalmente estéril en materia de estilismo, y por otra, la económica, mi cuenta bancaria iba disminuyendo exponencialmente y el trabajo no llegaba. Por si fuera poco, tenía entendido que en un “hair salon” japonés era prácticamente imposible gastarse menos del equivalente a unos 40 euros. Vamos dos o tres veces más de lo que pagamos los hombres en España.

No sé como surgió, pero un día, navegando entre foros de extranjeros en Japón, me encontré con una cadena de peluquerías que cortaban el pelo en tan sólo diez minutos, y a un precio muy económico: 1000 yenes, es decir, unos 10 euros.

En otras circunstancias, ni me lo hubiera planteado. Siempre he sido un poco maniático para estos temas y que un señor o señora que no habla mi idioma, ni nada que se le parezca, me cortase el pelo en diez minutos me sonaba a película de terror de la Hammer.

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Un onsen en Kobe y la sorpresa de Paul

Salí de la estación de Kyoto dirección a Kobe, no recuerdo bien si viajaba en tren bala o en la línea Tokaido, pero recuerdo que no fueron más de 50 minutos.

Iba cargado con mi maleta tamaño familiar, mi MacBook pro, mi traje, los zapatos que había comprado en Shibuya unos días antes y por supuesto la mochila con mi cámara y ópticas. Posiblemente en otro país hubiera viajado estresado, intranquilo, pensando en todo lo que llevaba encima y viajando con el miedo en el cuerpo. No en Japón.

Bajé en la estación de Sannomiya, donde había quedado con una amiga virtual que conocía de una página de intercambio de idiomas, Asami. Era la primera vez que veía a la que ahora es mi mujer.

Me acompañó a mi hotel, ella misma se había encargado de hacer la reserva, muy moderno y con onsen (balneario). La habitación era perfecta para un salary man o un viajero que estaba de paso, independiente, pero que en lugar de puerta tenía una gran cortina. Pagué el equivalente a 50 euros, sesión de onsen incluida.

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