Orientarse en Japón o el noble arte de interpretar los mapas

En los próximos días voy a empezar a buscar trabajo en Japón, y es inevitable que me vengan a la cabeza unos cuantos recuerdos. Os comentaba en post anteriores, como en el de trabajar en en el país del sol naciente o en el del onsen en Kobe y la sorpresa de Paul, como me había ido en alguna que otra entrevista de trabajo que había conseguido en el país nipón, y ahora, cuando empiezo a pensar en adecuar y preparar mi curriculum vitae, me acuerdo de una de las principales dificultades a la hora de encontrar trabajo en Japón: orientarse.

El sistema de identificación japonés de las ciudades en los mapas es totalmente diferente al que tenemos en España ( e imagino que en muchísimos países). Mientras que nosotros nombramos las calles y damos un número más o menos progresivo a las viviendas o comercios, en Japón las calles no suelen tener nombre (sólo las grandes avenidas y algunas excepciones) y son las manzanas ( los bloques dentro de las diferentes calles)  las que reciben un número identificativo. Así pues, si recibes una carta de algún amigo/a que vive en Japón, verás que en ella aparece el nombre de la ciudad, del barrio y tres números (distrito, manzana y casa). Muy práctico para los ordenadores, que encuentran las cordenadas de forma muy eficaz, pero muy complicado para los humanos en general y humanos con problemas de orientación, en particular. Ejemplo: yo.

Tan peliagudo resulta encontrar una oficina en un momento dado que, si tienes una cita allí, algún responsable se encargará de enviarte un email con un plano (muchas veces dibujado a mano) que muestra la situación del inmueble, normalmente marcando la estación más cercana como referencia.

Cuando ya llevaba un par de meses en Tokio, una productora audiovisual, que realizaba programas para la NHK se interesó por mi curriculum. Me ofrecieron una entrevista y tras un breve intercambio de emails me adjuntaron este mapa, que podéis ver aquí.

Seguro que os llama la atención, independientemente de que el plano está lleno de kanji, el hecho de que la ruta marcada en roja sea la menos obvia. Normalmente uno ve este mapa en España y dice, vale, tomo la avenida grande y cuando llego al cruce giro a la izquierda y todo recto. Pues no es tan sencillo, aunque la foto no es del todo significativa, si echáis un vistazo a la captura de Google Maps, os podréis hacer una pequeña idea:

Salí de casa con un par de horas de antelación, para ir tranquilo, pero tomando una de las decisiones más estupidas que se tomaron en aquel día a nivel global, y me consta que había pleno del Congreso de los Diputados aquel día en España.

En un alarde de valentía, tomé una foto del plano con mi iPhone ( no tenía internet en aquel momento) y sin investigar demasiado salí de casa. Error.

Adelanto ya que llegué unos 45 minutos tarde.

El estudio se encontraba en el distrito de Shibuya a unos 15 o 20 minutos del famoso cruce. En el plano, la oficina se encontraba muy cerca de una especie de puente o carretera elevada y aparentemente no parecia demasiado complicado.

Aparentemente…

Tras caminar un rato llegue al mencionado “puente”. Era una de esas carreteras tipo Scalextrix, y costaba horrores desencriptar el significado de “al lado del puente” ya que tecnicamente no habia nada al lado. El pequeño mapa que, lógicamente, no estaba en tres dimensiones, no advertía de los diferentes niveles del urbanismo de la zona y hacia la búsqueda todavía más divertida. Ironía.

Cuando me di cuenta de que ni en un millón de años iba a ser capaz de encontrar el edificio de marras decidí hacer aquello que un hombre nunca haría. Preguntar.

Había explorado el barrio de forma casi enfermiza, de arriba a abajo, de izquierda a derecha, había entrado en edificios de oficinas en busca del logo de la compañía y nada de nada. Quería evitar preguntar pero me estaba alejando demasiado del supuesto punto que tenía marcado en mi mapa “mental”. Lo quería evitar porque mi mente racional me decía que mi japonés de andar por casa se iba a ver desbordado con cualquier respuesta que fuera diferente a “siga recto” “gire a la derecha” o “gire a la izquierda”. Y eso era algo bastante improbable en este laberinto del fauno en que estaba metido.

Elegí un pequeño super mercado. Pregunté a una señora de unos 50 años de edad algo así como “Sumimasen, koko o sagashite imasu, doko desu ka?” ( Por favor, estoy buscando esto, donde está?) mientras le mostraba la pantalla de mi teléfono. La mujer pidió permiso, le dio un par de vueltas al iPhone y sin soltarlo salió disparada de allí, disculpándose. Esta misma situación en España hubiera terminado con mi teléfono en el rastro el domingo siguiente.

La señora, abandonó su puesto de trabajo, una de las cajas del supermercado y se dirigió a lo que parecía la oficina. A los dos minutos regresó junto a un hombre un poco más joven que ella que sujetaba mi teléfono en una mano y el suyo propio en la otra. Me dijo que tenía GPS e intentó explicarme como llegar. Como ya había predicho, la explicación superaba mis conocimientos. Supongo que mi cara reflejaba pena, impotencia, dolor y cansancio, porque al segundo intento de explicación, me invitó a salir del país, digo del supermercado. Cuando me descuidé, este señor me sacaba ya casi dos metros de distancia. Con paso decidido quiso acompañarme en persona a la zona donde se encontraba la empresa.

Pensado en frío, no creo que fueran más de dos o tres minutos de paseo, pero me parecieron una eternidad. No por la compañía de aquel desconocido que circulaba en paso firme y ligero, sino por la extrañeza de la situación y la incomodidad de pensar que este hombre no estaba trabajando por mi culpa.

Por fin se detuvo y me dijo que este era el punto donde debía empezar a buscar, que imaginaba que la empresa estaría por aquí cerca.

Le agradecí con varias reverencias, “domos arigatos” y eché un vistazo alrededor.

Estaba en el mismo punto que al principio. El maldito puente, la maldita carretera que se cruzaba, las obras y la madre que los p….

Explorando Google Maps veo que había que bajar por esta puertecilla de la derecha, aunque yo juraría que no estaba ahí…

No sé como lo hice pero al final la encontré, al parecer las flechas esas rojas que se ven en el mapa indicaban que la oficina se encontraba en un nivel inferior a la calle principal. Había pasado por la puerta del edificio varias veces pero como estaba integrada en un barrio residencial muy tradicional la descarté. Nunca juzguéis un inmueble por su apariencia en Japón, en el resto del mundo no estamos acostumbrados a muchas cosas.

A todo eso, llegaba 45 minutos tarde a la entrevista, y por menos el otro día mataron a un repartidor de pizzas en México.

¿Cómo me van a contratar si no soy capaz de encontrar la oficina?

Me recibieron con una sonrisa, me disculpé en todos los idiomas que conocía y me dijeron que no me preocupara, qué solía pasar. Estaban acostumbrados.

Estuvimos charlando un buen rato, al parecer tenían planificados varios viajes a diferentes ferias audiovisuales en Europa y les interesaba contar con la colaboración de un conocedor del mercado europeo, que les orientara a la hora de presentar diferentes proyectos a televisiones europeas que compiten en un mercado muy diferente al japonés. Les estuve mostrando mis videos y estuvimos charlando en inglés, claro, sobre la diferencia de los formatos televisivos en España y Japón.

Hubiera sido un trabajo extra muy interesante, pero ya sabéis la historia. En mi primera etapa en Tokio no conseguí el visado de trabajo que necesitaba, entre otras cosas, para desempeñar trabajos como este.

Eso sí, la anécdota no me la quita nadie…

Agradecimientos: Arte Ryoga en RanmaOneHalf Deviantart

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  2. Jaume Estruch Navas

    A mi lo que me sorprendió en Tokyo es la extrema amabilidad y educación de la gente.
    Si te ven perdido, venían a preguntarte si necesitabas algo y no dudaban en sacar su smartphone para buscar lo que necesitases, aunque tuvieran prisa o lo que sea.

    Una vez hasta le preguntamos a un grupo de adolescentes como llegar a un centro comercial que no encontrábamos (Yodobashi Camera, como para no verlo xD) y como nosotros no sabíamos japonés ni ellos inglés y no acabábamos de entendernos con sus indicaciones, nos acompañaron hasta el sitio (tampoco estábamos muy lejos, unos 3 minutos andando).

    Supongo que al estar sólo de vacaciones no me he fijado en lo difícil que debe ser orientarse pero la verdad es que con mapas precargados en el iPhone y alguno en papel, nos apañamos bastante bien. Eso si, casi siempre en zonas bastante turísiticas o concurridas que no suelen dar lugar a pérdidas.

    Ah, y si tienes iPhone, te recomiendo la app “Stay”, puedes cargar mapas de ciudades enteros y marcarte tus sitios favoritos, etc… y funciona con el gps así que va genial cuando te vas de viaje y no vas a tener datos 🙂 Hice una reseña en mi blog (por si te interesa)

    Un saludo!

    • Creativo en Japón

      Sí, en las zonas turísticas no tuve ningún problema. Los problemas llegaron para encontrar pequeñas oficinas o tiendas un poco escondidas…

      Tengo iPhone pero por aquel entonces no me funcionaba internet en Japón, imagino que esta vez la tendré activada y espero que sea más fácil.

      Claro, le echaré un vistazo a tu blog 🙂 gracias!!

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