Hanako-san y otras leyendas urbanas japonesas vol.1

La leyenda urbana o leyenda contemporánea,  es una forma de folclore moderno que puede ser creída o no por la gente que la cuenta. Su efecto es demoledor porque una vez el mecanismo se pone en movimiento el boca a boca se extiende como la pólvora. Parte de su poder se lo da el hecho de que siempre, una parte del relato tiene fragmentos de realidad que hacen verosímil la historia que se cuenta. Tan fuerte es la reacción que produce en nuestro cerebro que incluso modifica la percepción de la realidad y de los recuerdos. ¿Acaso no eres capaz de recordar esa escena con Ricky Martin, el perro y la mermelada que nunca viste?

Estas leyendas urbanas tienen mucho que ver con la psique humana ya que, independientemente del país o continente, las leyendas se repiten con pequeñas modificaciones que tienen mucho que ver la cultura propia.

Muchas de las leyendas urbanas “se fabrican” en las universidades. De hecho en mi facultad (Comunicación y Ciencias Sociales) hicimos un pequeño experimento que no tuvo éxito, imagino que por la falta de compromiso de algunos estudiantes que no se terminaban de creer que algo así pudiera ser extendido. El objetivo era colocar una leyenda urbana en un medio de comunicación (algo no demasiado difícil ya que no siempre se contrasta la información), y para conseguirlo debíamos contar la historia a amigos y familiares ( sin desvelar el secreto) que a su vez harían lo mismo. Me da la sensación que hoy en día, con el poder del twitter hubiera sido mucho más fácil. Surgieron varias ideas, una era que habían aparecido koalas en las Islas Canarias y el otro era que se había descubierto que no-recuerdo-cual-verdura provocaba erecciones. En fin…

Japón no es menos y cuenta algunas leyendas urbanas muy interesantes:

El manto rojo ( Aka Manto):

Dice la leyenda: Una niña estaba en la escuela y pidió permiso a la profesora para ir al cuarto de baño. Una vez allí, escuchó una tenebrosa voz: ¿Nos ponemos el chaleco rojo? La niña salió de allí aterrorizada, entró en clase con los pantalones todavía por debajo de las rodillas y contó lo que le había pasado. La profesora sorprendida por la expresión de terror de la niña llamó a la policía. Unos minutos más tarde apareció por la escuela una pareja de agentes. Como se trataba del baño de las niñas, la mujer entró y su compañero esperó fuera. Una vez dentro, la mujer, escuchó la misma voz con las mismas palabras: ¿Nos ponemos el chaleco rojo? Claro que sí, póntelo, contestó la mujer policía. De repente se oyó un grito y un golpe seco. El agente que esperaba tras la puerta abrió rápidamente y se encontró a la mujer tumbada, sin cabeza, y el río de sangre formaba un chaleco rojo en su cuerpo.

Versiones y adiciones: La leyenda del manto rojo tiene diferentes versiones, todas con finales trágicos, por supuesto. Este Youkai cabroncete, comparte una de las máximas que nos encontramos en las leyendas sobrenaturales de todo el mundo: siempre hay que ignorarlos ( véase la Santa Compaña). En una de las versiones, el amigo, a lo Morfeo, te pregunta si quieres papel higiénico rojo o azul. Si respondes “rojo” te arranca la piel de la espalda y te dice “ahí lo tienes, no me des las gracias”, si le respondes “azul”, te exprime la sangre poco a poco hasta que se te quede un bonito color azul en la piel, muy chic. De nada. Seguro que estarás pensando – pues le digo que lo quiero “verde” o “amarillo” y le dejo con el culo torcido. Pues mala opción, porque si le dices “verde”  saldrá una mano podrida del retrete que te intentará arrastrar al infierno y si dices “amarillo” será algo parecido pero que encima te hará oler pis y al final será casi peor que morir.

Conclusión: Calladita estás más guapa o guárdate papel en el bolso. Otra opción podría ser, si eres una niña pequeña no hables con extraños, especialmente si tienes los pantalones bajados…

Teke-Teke o la mujer torso:

Dice la leyenda: Una niña era cruelmente maltratada e intimidada por sus compañeros de escuela. Constantemente era sometida a bromas, algunas de ellas bastante desagradables. Un día, mientras esperaban el tren en la estación. Sus compañeros vieron una cigarra y se la colocaron en su hombro. La niña, sobresaltada, perdió el equilibrio y fue arrollada por un tren que la partió por la mitad. A partir de este incidente se convirtió en un yurei, fantasma vengativo, en busca de ajusticiar no sólo a sus compañeros sino a todos los pobres diablos que pasaran por ahí. Aquí tenéis más información sobre fantasmas japoneses.

Versiones y adiciones: No es raro que aparezcan leyendas urbanas con algunos de los temas más recurrentes en la sociedad japonesa como el bullying (intimidación escolar). El toque real de esta historia es el hecho de que cientos de personas se suicidan en Japón todos los años arrojándose al tren, con lo que no resulta para nada extraño, que una niña pueda perder el equilibrio y ser arrollada.  En algunas estaciones se puede escuchar un sonido así como “tek tek tek” producido por el choque de sus manos y de la mitad de su cuerpo cuando se arrastra por el suelo. Otra historia habla de un chico que se encuentra con una chica muy guapa que lo miraba fijamente dentro del vagón del tren. Pensando que igual esa noche triunfaría, le devolvió la sonrisa. Al darse cuenta de la respuesta, la muchacha, de repente salta por la ventana. Nuestro galán, tras comprender que los rastros del onigiri del desayuno que tenía en los dientes no era suficiente para tal reacción, sale en su auxilio. Allí se encuentra con la cruda realidad, no sólo no iba a mojar esa noche sino que, por sino fuera poco, también iba a morir cercenado en dos, por una muchacha, que además de maleducada resultaba ser un fantasma con mala leche.

Conclusión: Si piensas con el pene acabarás cortado en dos. También puede significar que si saltas sobre la via te puede pasar un tren por encima. Me quedo con la primera, mucho más romántica.

Hanako-san de los retretes:

Dice la leyenda: Si una persona va al cuarto de baño de las chicas de cualquier escuela en el tercer piso y llama tres veces a la puerta preguntando: ¿Estás ahí Hanako? escuchará una voz que le contestará “aquí estoy”. Si el valiente en cuestión abre la puerta se encontrará con una niña pequeña vestida con una falda roja.

Versiones y adiciones: Toda escuela en Japón tiene su propia Hanako san y más de un niño reconoce haberla visto o conocer a alguien que haya tenido un contacto con ella ( esta es la fuerza de la leyenda urbana). La leyenda de Hanako san no es demasiado original, guarda demasiadas similitudes con la Bloody Mary norteamericana o nuestra Verónica. Ambas con el ritual de palabras repetidas frente a un espejo. Una versión dice que Hanako se suicidó en el baño y quedó atrapada en él, en otra versión, una niña que se cayó por la ventana de la escuela y falleció.

En la prefectura de Iwate se dice que si provocas a Hanako llamándola “Hanako, la tercera” (Sanbanme no Hanako san) una larga mano blanca sale desde la parte de arriba del cubículo e intenta atraparte, mientras que en Yamagata, mucho más originales, aseguran que si invocas a Hanako te encontrarás con un monstruo de más de dos metros, con tres cabezas de lagarto, que habla así con voz de pito para hacerse pasar por Hanako y atrapar a sus víctimas. Y luego dicen que España es el país del Lazarillo.

Conclusión: Yo por si acaso no provocaría, invocando a nadie y mucho menos abriría la puerta porque todo el mundo sabe que los niños en las películas de terror dan un miedo que te cagas…

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  1. Arisu Mendez (@arisu_m)

    ¡Excelente post! Me encantan las historias de terror y las japonesas en particular, aunque no conocía ninguna de éstas parece que los baños nunca son lugares demasiado seguros… ni los ríos… ni los puentes…ni las calles y a las mujeres guapas también hay que correrles. ¡Espero con ansias las siguientes leyendas urbanas!

  2. Aozumi

    Tengo miedo de que si voy a japón y empiezan a gastarme bromas de ese estilo ya no podré dormir y me pondré a llorar a la mínima.

    Eso no es bueno, no, no XD <——— no soporta esas cosas, malas experiencias que dejan trauma durante un par de años asd

  3. Pingback: Béisbol, cigarras y fuegos artificiales |

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