Categoría: Delincuencia y sucesos

Una bolsa Boston azul oscuro

taxi

Hace unos cuantos meses, adelanté- con la boca demasiado abierta- que iba a empezar a dramatizar una serie de sucesos criminales reales japoneses, dándoles forma de relato corto. Tenía muchas ganas de hacerlo y probar suerte en este nuevo formato, pero una serie de circunstancias- gran parte de ellas laborales- me han hecho ver que es realmente complicado que pueda hacer algo medianamente aceptable con el tiempo disponible del que dispongo. 

Aún así, como sería una pena que se perdieran estos casos que ya tenía recopilados, te los contaré de una forma mucho más accesible para mí, periodística. En aquellos casos donde la información brille por su ausencia, me tomaré alguna pequeña licencia.  He desempolvado alguno de los libros que utilizábamos en las asignaturas de redacción periodística en la facultad, a ver que tal se me da.

Empiezo hoy con un caso que no dio a la vuelta al mundo pero que me puso los pelos de punta…

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Los placeres del barrio rojo de Tobita

barrio rojo Tobita
Si hay algo que me ha impactado, que me ha dejado “tocado” desde que vivo en Japón, ha sido Tobita Shinchi, el barrio rojo de Osaka y me atrevería a decir, de Japón.

Recuerdo perfectamente aquella tarde que cogí la bicicleta y me dirigí a Shin Sekai.

Me habían contado que por ahí cerca era fácil encontrarse con prostíbulos, e incluso con mujeres invitando a los clientes de la más antigua de las profesiones y, como no, tenía que comprobarlo por mí mismo.

Salí del principal shoutengai– pasaje comercial- del barrio y me encontré de cara con la realidad, la cual superaba con creces mis expectativas.

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La ciudad más peligrosa de Japón

Homeless

El otro día se me hincharon un poco las narices.

Salí de una clase de español que suelo dar cada dos semanas y fui a montar en la bici que tenía aparcada al lado de la entrada del edificio. Cuando todavía estaba abriendo el candado, bajaron unos cuantos estudiantes japoneses, más o menos de mi edad y me preguntaron donde vivía. Normalmente la gente que va al centro de Osaka a estudiar o a trabajar toma el tren, así que imagino que les sorprendió el hecho de que fuera a trabajar en bicicleta. Yo todo orgulloso respondí “vivo en Namba” y, ante mi sorpresa, una chica joven comentó “uy, qué peligroso ¿no? Por desgracia no tuve tiempo para explicarme, más allá de mi cara extrañada y un rotundo “para nada” porque alguien cambió el tema de la conversación y me marché a casa pensando por qué los japoneses tienen tantos prejuicios.

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La habitación roja y otras leyendas urbanas japonesas vol 2

habitación roja

Hitobashira

A lo largo de la historia de la humanidad, uno de los miedos más extendidos en las diferentes civilizaciones ha sido el morir enterrado vivo. Hoy día esto parece una banalidad ya que la ciencia nos permite conocer exactamente si nuestro cuerpo está clínicamente muerto, pero hasta hace dos días esto no era tan preciso.

Muchas fueron las personas que hasta adentrado el siglo XX fueron enterradas, dándolas por muertas, cuando todavía seguían con vida. De hecho, tal era el pánico a ser enterrado vivo que se idearon diferentes artilugios para poder avisar mediante campanas o tapas de vidrio que se había cometido un gravísimo error.

¿Qué ocurre cuando no hablamos de errores sino de acciones premeditadas?

Toda leyenda urbana, como te comentaba en el anterior post, tiene un punto de verdad, y es ahí donde radica su fuerza.

Son muchas las leyendas e historias que circulan en Japón sobre el hitobashira (pilares humanos), gente que fue enterrada viva a conciencia durante la construcción de importantes edificios, como sacrificio (Ikenie) a los dioses, en busca de su protección. Te hablo de puentes o castillos.

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Megumi-san o el eterno secuestro norcoreano

Todas las culturas tienen a su hombre del saco.

Las madres y niños españoles temblaban desde la Edad Media hasta finales del siglo XIX pensando en la figura del sacamantecas, individuos que se dedicaban a secuestrar a niños o mujeres de baja condición para extraerles el sebo (la grasa corporal) y elaborar una especie de ungüento que se utilizaba popularmente para combatir la tuberculosis.

Igual de asustadas se sentirían las madres japonesas del sur de Japón a finales de los años 70 cuando sus hijos marchaban solos al colegio o a jugar en las playas cercanas. Sus cocos tenían nacionalidad: Corea del Norte.

Puede sonar a leyenda urbana, y seguro que han corrido ríos de tinta con historias falsas sobre el tema, pero el caso es que durante seis años, de 1977 a 1983 agentes del gobierno norcoreano secuestraron a un buen número de japoneses, desde los 17 oficiales hasta un total de 80 víctimas.

Se dice que los secuestros respondían a la necesidad de disponer de profesores nativos japoneses para los intereses del gobierno norcoreano, pero también que podría tratarse de casos de suplantación de ciudadanos con trasfondo de espionaje o asesinatos de ciudadanos japoneses que habían visto o sabían más de la cuenta.

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La invasión de los ladrones… de bragas

Hay que saber interpretar todo lo que leemos sobre Japón.

Sin ir más lejos hoy estaba leyendo diversos blogs y páginas webs internacionales, en busca de información y he leído algo así como que las mujeres se dejan tocar en los trenes y no hacen nada por evitarlo. Esto es tan absurdo como incorrecto. Si una pobre mujer no hace nada por evitarlo es o porque está en estado casi de shock o porque literalmente no puede mover un dedo. La verdad suele ser complicada pero a veces se puede explicar al más puro estilo navaja de Okham

“En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla, suele ser la correcta”

Cuando leía historias sobre ladrones de bragas (Shitagi Dorobou 下着泥棒 : ladrón de ropa interior) pensaba que era algo así como una licencia del manga y del anime, pero nada más lejos de la realidad.

Asami me dice desde el sofá, que este fenómeno no aparece demasiado en las noticias porque es algo que pasa todos los días…

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¿Qué pasa en Okinawa?

A raíz de la noticia que he leído esta mañana en El Mundo ( la mañana del miércoles), un nuevo caso de violación de una mujer a manos de dos soldados norteamericanos, me animo a intentar explicaros como está la situación en Okinawa.

Un poquito de historia

Como todos sabéis Japón fue uno de los perdedores de la Segunda Guerra Mundial, y uno de los precios que tuvo que pagar fue la ocupación por las fuerzas aliadas ( lideradadas por los Estados Unidos). Era la primera vez en la historia del país era ocupado por una fuerza extranjera desde su unificación.

El proceso duró desde septiembre de 1945, con la rendición del imperio japonés hasta la primavera de 1952, tras la implantación del Tratado de paz de San Francisco.

Durante el verano del 45, poco antes de que culminara el Proyecto Manhattan con el lanzamiento de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, los principales líderes políticos de las tropas aliadas se reunieron en Potsdam, para discutir cual debería ser el futuro de los países del eje. El emperador japonés, tras asumir la rendición del país, aceptaría firmar las declaraciones que allí se registraron. Términos como “la eliminación de la autoridad e influencia de aquellos que han engañado al pueblo de Japón y lo han llevado a intentar conquistar el mundo”, “la ocupación de puntos del territorio japonés designados por los aliados” o “las fuerzas armadas japonesas serán desarmadas completamente”, matizando que “no pretendemos esclavizar a los japoneses como raza o destruidos como nación” y que ” se permitirá a Japón mantener industrias que sostengan su economía y le permitan el pago, sólo en especias de sus reparaciones”.

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El crimen y la crónica negra japonesa

La mayoría de vosotros no sabréis, alguno puede que intuya, que soy un gran aficionado a la crónica negra. Apasionado del cine detectivesco, la novela negra, la literatura pulp, que por supuesto se basan en sucesos ocurridos en la vida real ( que muchas veces supera a la ficción). Tanta es mi afición por estos temas que llegué a plantearme estudiar una segunda titulación universitaria en psicología, no para ejercer, sino para entender un poco más la mente humana y explorar los motivos del asesino, el leitmotif de acciones tan inhumanas e inexplicables.

Japón tiene fama de ser uno de los países más seguros del mundo, al menos a nivel criminal, porque por todos es sabido que no es el mejor lugar para residir tranquilo. Terremotos ( con sus correspondientes tsunamis) están a la orden del día, el monte Fuji amenaza con erupcionar el día menos pensado, y los niveles de radiación siguen siendo, relativamente, preocupantes. Aún así, el ciudadano vive su día a día de forma segura.

Tan segura que es capaz de dejar bicicletas sin atar en la puerta de casa ( aunque en algunos barrios de las grandes ciudades ya no se puede hacer), tomarse un café sólo en un bar, ir al baño y dejar el portátil y el bolso sobre la mesa o consultar un plano con la tranquilidad de que nadie va a robar tus maletas. Esto es así. Lo es tanto que en muchísimos establecimientos, incluso de grandes marcas internacionales, no hay ningún sistema de alarma, para alegría de los chorizos, que no deben de ser tantos cuando se sigue permitiendo esto. Me consta que a muchos extranjeros cuando visitan Japón les cuesta resistir la tentación.

Como empezáis a sospechar, no soy uno de esos apasionados de Japón, ciegos , que ve la realidad con cristalitos rosas puestos. Este país tiene cosas muy buenas, pero no todo es fiesta.

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