Etiquetado: Edo

Blanca Shirakawa

Shirakawago

De entre todos las estampas japonesas, son las invernales las que más me llaman la atención.

La pureza del blanco liga fantásticamente bien con el espíritu tradicional y minimalista de la cultura japonesa, y en la localidad de Shirakawa la belleza y sencillez de este paisaje – atemporal desde la distancia- por un momento hace olvidar a la multitud y a los autobuses turísticos.

Todavía me lamento del poco tiempo que tuvimos para disfrutar de nuestra visita – unos miserables 60 minutos – debido a que esta excursión estaba incluída en un rígido pack turístico que nos había regalado la madre de mi mujer. Viajar por Japón no es nada barato, especialmente si uno es residente y no dispone de un Japan Rail Pass, por lo que estos detalles familiares son muy bienvenidos. Un día de estos hablaré de como son estos paquetes turísticos para japoneses porque no tienen desperdicio.

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De Tokio a Hiroshima, siete días y un Japan Rail Pass I

Capítulo 1. Nagoya y Magome

Mi vuelo salía desde Madrid. La noche anterior me había hospedado en un hotel muy cercano a la zona de Chueca. Quería despertarme con tiempo, y pasar por la agencia japonesa de viajes para recoger mi Japan Rail Pass. Como no tenía mucho dinero, elegí el de una semana. Pensé que sería suficiente para visitar las principales ciudades japonesas.

Ya en Tokio, terminé de cerrar mi hospedaje. Tras los buenos comentarios de amigos y conocidos, me inscribí en Coach Surfing y empecé a buscar.

Para quien no lo sepa, Coach Surfing es un portal de internet en el cual los miembros ceden un sofá, o una cama en el mejor de los casos, a los viajeros que pasan por las respectivas ciudades. Si esto no es posible, se comprometen a tomar un café o enseñar la ciudad. Es un intercambio muy interesante y económico.

Una vez cerradas las seis noches, decidí la semana en que iba a viajar, creo que fue en la estación de Shinagawa donde sellé my JRP y me preparé para empezar mi recorrido.

Elegí noviembre, un mes después de mi llegada a Japón, pensé que sería una época fantástica para descubrir Kioto, y no me equivoqué en absoluto.

Mi primera parada iba a ser Nagoya, había quedado con Mai, una chica japonesa fanática de lo kawaii (cosas monas). Me impresionó su casa,  prácticamente cubierta de color de rosa, con osos amorosos por aquí y por allá. Vivía muy cerquita del templo más famoso de la ciudad, el Osu Kannon, así que con nikkuman ( bollo chino relleno de carne) en mano fuimos a echarle un vistazo. A dos pasos de allí, se encontraba también el curioso Oosu Shoutengai.

El conocido Oosu Kannon

Los Shoutengai son pasajes comerciales japoneses que suelen incluir mercados de comida fresca

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