Kuidaore Taro, entre Wally y el muñeco diabólico

Kuidaore Taro

No voy a dar como primicia que Japón es un país muy especial.

Es difícil no sorprenderse a diario con la cantidad de detalles, situaciones o comportamientos que serían impensables ya no sólo en España, sino en cualquier otro país del mundo.

Algunas veces estas particularidades me sacan de quicio, especialmente las que tienen que ver con la cultura del “cabecicubismo”- leáse el fantástico tebeo de Super López – pero por lo general, todos estos detalles hacen del país nipón un lugar muy interesante y sorprendente.

Igual de sorprendentes son algunos iconos populares que, debido al caracter conservador del país siguen en pie muchos años después – no en vano las empresas más longevas están aquí. Algunas veces estos elementos siguen siendo muy entrañables y dignos de ser vistos, como el famoso corredor de Glico, por ejemplo, pero otras veces, y siempre en mi opinión, no han resistido demasiado bien el paso del tiempo.

El niño parece todo menos feliz de estar ahí

El niño parece todo menos feliz de estar ahí

Es el caso de Kuidaore Taro, un tétrico maniquí que se ha convertido prácticamente en símbolo de Osaka.

No en vano representa- a través de su nombre- el espíritu de la ciudad: comer hasta reventar.

Este maniquí sería uno más en la maleta de Jose Luis Moreno, pero sacado fuera de contexto y con movimiento propio – mecánico eso sí – inspira de todo menos confianza. Pienso que en cualquier momento se librará de sus engranajes, soltará el tambor que lleva tocando desde 1950 y se liará a cuchillazos con los estupefactos y acojonados transeúntes.

Pudding - flan - de Taro, obsérvese que siempre tiene esa mirada inquietante...

Pudding – flan – de Taro, obsérvese que siempre tiene esa mirada inquietante. Algo está tramando.

Aunque cueste de creer, los vecinos de Osaka tienen un especial cariño a este personaje.  Tanto es así que cuando en 2008 el restaurante en el que Taro “trabajaba” decidió cerrar sus puertas, la gente acudió en masa al restaurante y los restaurantes vecinos para poder “disfrutar” – lo pongo entre comillas- de la compañía de este sonriente tamborilero. Un estudio calcula que Taro generó una suma de 900 millones de yenes en tres o cuatro meses desde que se anunció su despedida , sin contar los eventos que surgieron de forma paralela.

El dueño, pese a las innumerables ofertas económicas de particulares y empresas para adquirir el maniquí, decidió finalmente abrir una agencia para poder dar salida al muñeco en forma de anuncios de televisión, presentaciones, ¿bodas?, ¿bautizos?, ¿entierros? ¿cobro de morosos?¿venganzas personales?

Como no podía ser de otra forma, Kuidaore Taro volvió a Minami – Dotonbori- , esta vez expuesto a tan sólo una manzana de donde estaba el restaurante original. Da igual el día que sea, siempre hay turistas y residentes haciéndose fotos y preguntas como ésta: ¿Quién narices es este Wally siniestro?

En este video-tontería podrás ver la sensación que experimento cuando paso cerca de él…

Recuerda hacer click en 720p. Se nota la diferencia.

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  1. Pingback: ¿Por qué Osaka mola más? |
  2. aliester

    es el automata mas feo y aterrador que he visto en mi vida (y eso que e visto muchos), y me sorprende la poca calidad de el maniqui tomando en cuenta lo perfeccionistas que son los japoneses(aunque la maquinaria interna debe ser una maravilla para estar funcionando continuamente por mas de 50 años?

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