Etiquetado: monstruos japoneses

El monstruo invitado: Shirime

Shirime

Cuenta una leyenda que iba un samurai deambulando por las oscuras calles de Kyoto, cuando un hombre vestido con kimono se cruzó en su camino.

Discúlpeme, le importaría dedicarme un minuto de su tiempo

El samurai – que todavía no era consciente de que años más tarde Greenpeace y otras ONG asaltarían a miles de caminantes por todo el mundo- llevó su mano derecha a su katana, todavía enfundada y contestó con otra pregunta:

¿Qué quieres?

Aquel hombre, sin mediar una palabra, se despojó de su kimono con un solo movimiento, se dio la vuelta y girando su torso como quien reza a la Meca le ofreció una visión muy poco agradable. De su culo, emergió un enigmático ojo, enorme. Abrió su párpado y de él nació una intensa luz.

El samurai, presa del horror, lanzó un grito y dijo aquello de pies, para que os quiero…

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El monstruo invitado: Umibōzu

umibozu

En un país compuesto por casi 7000 islas – entendiendo isla como superficie de tierra con más de 100 metros cuadrados- es lógico que los mitos y leyendas relacionados con el mar cobren especial importancia.  Japón no es una excepción, ni mucho menos, océanos y mares de todo el planeta han maravillado y aterrorizado a diferentes culturas a lo largo de la historia de la humanidad.

Quizás, una de las figuras más curiosas e impactantes – si tienes la mala fortuna de encontrarte con una de ellas- es el umibōzu.

Los monjes del mar, si traducimos del japonés de forma literal, no tienen mucho que ver con los religiosos, más que con el aspecto de sus cabezas redondeadas que recuerdan a la cabeza afeitada de un monje budista.

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El monstruo invitado: Onibaba

Onibaba blog

La conocida historia de los hermanos Grimm, Hansel y Gretel, perfectamente hubiera tenido cabida en el Japón medieval. En el conocido- y terrorífico cuento- dos hermanos eran abandonados por sus padres en el bosque, ya que estos últimos, desesperados, habían determinado que eran incapaces de seguir alimentando cuatro bocas en una época tan terrible. Hansel, que escuchó la conversación de sus padres trazó un plan para poder volver a casa dejando caer una serie de piedras. Funcionó la primera vez, pero no la segunda, ya que, incapaz de conseguir las piedras, utilizó migas de pan que fueron devoradas por los pájaros. Perdidos en el bosque, los hermanos se encuentran con una casa hecha de pan de jengibre y otros dulces, dentro les esperaba una bruja con una única obsesión, comérselos.

Trasladar historia al país nipón, haciendo un ejercicio de localización, cambiando los nombres y paisajes, no sería para nada difícil, ya que las circunstancias de tantas familias de campesinos eran igual de precarias. Seguramente, en lugar de encontrarse con una bruja estilo europeo- que les pregunten a los alemanes cuantas a cuántas quemaron o ahogaron- se encontrarían con una un poco diferente, la onibaba, y ¡ay amigos!, dudo mucho que la parejita hubiera tenido tanta suerte…

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El monstruo invitado: Betobeto-san

Mizuki Shigeru Betobetosan

¿Alguna vez has tenido en Japón la sensación de que alguien te seguía? ¿Has escuchado el ruido del traqueteo de unas sandalias muy cerca de ti? Tanto si te ha ocurrido como si no, tanto si has visitado este país o planeas hacerlo, no tienes porque preocuparte. Seguramente será Betobeto-san.

Tienes tres opciones: Uno, hacer como si nada- cosa difícil porque Betobeto-san es el típico amigo que cuando bebe dos copas de más te escupe en el cuello – es decir, que disfruta de las distancias cortas- dos, invitarle a caminar a tu lado evitando esa molesta sensación pero exponiéndote a un destino incierto, o tres, decirle educadamente algo así como “por favor, Betobeto-san, pase usted primero”- “Betobeto-san, Osakini Okoshi”.

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El monstruo invitado: Gashadokuro

gashadokuro

Imagina que vas andando por el Japón rural, mochila a la espalda y té helado en la mano. El sol hace rato que descansa y reina el silencio. Sigues por un camino de tierra, con campos de arroz a los dos lados. Son más de las doce de la noche y has perdido el último tren. Muy cerca de ahí un agricultor ya anciano que te saluda tímida pero amablemente. De pronto, un zumbido seguido de un lejano “gachi-gachi“, crujido familiar pero que no sabes muy bien a que se debe. El anciano reacciona y echa a correr todo lo rápido que sus cansadas piernas le permiten. No es para menos, un esqueleto de unos 20 metros de alto te acaba de sobrepasar, y antes de que puedas decir “imperio astrohúngaro” agarra al señor con una mano, le arranca la cabeza con la otra y empieza a chupar como quien termina una gamba.

Si hay un monstruo temible en el país nipón, éste es el gashadokuro (o odokuro), algo así como “esqueleto hambriento” en la traducción. Precisamente eso le convierte en una amenaza real para cualquiera que se cruce en su camino, es 15 veces más alto que tú y se muere de hambre.
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El monstruo invitado: el Kappa

Kappa

Si hay una criatura del folklore japonés que me produce verdadera fascinación, ésta es el kappa.

Este curioso ser, no es una excepción, ni mucho menos. A lo largo de la historia de la humanidad, son muchas las criaturas marinas que han aterrorizado a las diferentes sociedades, y han servido de “coco” para advertir a los niños del peligro que supone rondar lagos o estanques profundos.

Si nos acercamos a la mitología del norte de Europa, en general, y a la nórdica en particular, nos encontraremos con los Näkki, seres que en algunas ocasiones adoptan la forma de sapo o lagarto, en otras la de hombre o mujer pez, y se divierte arrastrando a los niños que contemplan su reflejo, hacia las profundidades.

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