El eterno turista

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Hace unos tres años quedé con un amigo que visitaba Japón. Era su primera vez en Osaka y pasamos la mañana dando una vuelta por algunos de los barrios más representativos de la ciudad, y de paso grabamos unos cuantos videos juntos.

El caso es que, estando en Shin Sekai, una japonesa se me acercó y me preguntó en japonés si le podía echar una foto con su amiga, explicándome como utilizar la cámara y el tipo de composición que buscaba. Parece una tontería pero en casi 5 años, y si no tengo en cuenta a vecinos, compañeros de trabajo o gente que sabe de antemano que me defiendo con el idioma, fue una de las pocas veces que me preguntaron algo abiertamente en japonés en una situación de este tipo.

Me sorprendió tanto en su momento que lo estuve hablando con él. Dos extranjeros hablando en español, con cámaras de fotos, y en una zona turística. En este contexto hubiera sido algo perfectamente normal preguntar en inglés. Hubiera sido lo más lógico.

Cuando uno pasa aquí tiempo suficiente, y adquiere un punto de vista más de ciudadano que de turista, se da cuenta de que el país todavía no esta preparado para convivir con extranjeros. Podría poner muchos ejemplos de dificultades con las que te puedes encontrar, simplemente por no haber nacido aquí. Más allá de que no tengas los mismos derechos – o que cueste una vida llegar a obtenerlos-, de que a diferencia de los nacionales tengas que convivir con una tarjeta de identificación, de que no puedas desempeñar según que profesiones o de que tengas que convivir con un cierta marginación social- ya sea por motivos inocentes o más oscuros- lo que más me llama la atención es que siempre se dé por supuesto que nuestra estancia aquí va a ser temporal.

Comentaba en otros posts como el de ligar en el país del sol naciente o alguno otro relacionado con temas profesionales, que al extranjero se le da un trato especial, simplemente por ser gaijin. A veces puede ser algo positivo, que te puede beneficiar y a veces puede ser negativo.

Por poner un ejemplo tonto. En mi empresa las profesoras japonesas deben rellenar mensualmente un montón de papeleo y enviarlo por correo a la oficina central, con la molestia que supone en pleno siglo veintiuno comprar sobres, papel, sellos y acudir a la oficina postal- por no hablar de temas medioambientales- mientras que los profesores extranjeros enviamos nuestra parte por correo electrónico. Así de fácil y rápido. Para mí, esto sería un ejemplo de discriminación positiva.

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Volviendo a la reflexión original, muchos japoneses no alcanzan a comprender porqué un extranjero desea vivir en un ambiente, en una sociedad tan ajena a la suya, se sorprenden cuando nos escuchan hablar en su idioma, y nos elogian incluso cuando nuestro uso es bastante torpe.

Como ya he comentado en alguna ocasión, Japón ha formado un sistema burocrático antibiótico que repele cualquier “amenaza” externa, que pueda comprometer su estado de bienestar, y quizás esa sea uno de los motivos principales por los que los japoneses piensen que estamos de paso. El propio gobierno no facilita que nuestra entrada sea fácil ni nuestra estancia, permanente. Justo ayer me contaba mi mujer, que el marido norteamericano de una de sus amigas había renunciado a su nacionalidad para obtener la japonesa. Sus motivos, tras más de diez años viviendo aquí estaba ya cansado de tener que justificar su estancia y renovar su visado cada pocos años, cuando él y su familia ya habían decidido que Japón iba a ser su última parada. Me reservo mi opinión.

Son muchas las anécdotas que he vivido durante estos casi cinco años. Sonrío cada vez que mis alumnos más pequeños piensan que vengo desde España para dar las clases y regreso al terminar – trabajo en varias escuelas y me ven una vez al mes- , y me da un puntito de tristeza cuando niños que llevan conmigo varios años siguen pensando que soy un amerika-jin – norteamericano.  Las ideas preconcebidas pesan mucho en un país como este, y aunque nos tomemos muchas molestias en intentar demostrar lo contrario, se aferran a la roca como la espada del Rey Arturo.

Y ahora viene el giro final.

Dudo mucho de que me quede aquí por siempre. Aunque mi vida es cómoda y sencilla, hay muchas cosas con las que no estoy de acuerdo, empezando con el sistema educativo, escalofriantemente elitista, pragmático e ineficaz. Si estuviera solo aquí, las cosas serían diferentes e imagino que no me plantearía abandonar el país en un momento dado, pero siendo padre, tengo que tener en cuenta más de una variable.

Así que estas palabras no son más que una pataleta de señor mayor que piensa demasiado y que intenta analizar cosas que no alcanza a comprender.

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