Cartera de ida y vuelta

peatones

El día 15 perdí mi cartera.

No suelo llevar dinero encima, y de hecho ese día no llevaba ni un solo yen en la billetera. Guardo las monedas en un monedero y cargo mi tarjeta ICOCA- la que se utiliza en Kansai en las estaciones de tren y metro- de vez en cuando por si necesito comprar algo en una konbini o supermercado.

Lo que si que llevaba era toda mi documentación- salvo el pasaporte- española y japonesa. Mi tarjeta de extranjero, seguro médico, DNI, carnet de conducir, tarjeta de crédito española, tarjeta “cash” japonesa- únicamente para sacar dinero en los cajeros automáticos- tarjeta de la seguridad social española, vamos, un desastre.

Cuando me di cuenta a las pocas horas de que la cartera no estaba en mi bolsa, rápidamente cancelamos las dos tarjetas. Ese día trabajaba en Hirano y me bajé del tren en Shinimamiya, que si bien no son zonas peligrosas, no son Ginza precisamente.

En Japón, cuando utilizas la tarjeta de crédito no te piden ningún tipo de identificación, por lo que si eres extranjero, nadie va a comprobar si te llamas Michael o Pancracio, y cualquiera puede utilizarla. Aquí los únicos que llevamos una tarjeta identificativa- y se nos obliga a llevarla bajo amenaza de comisaria- somos los extranjeros, ya que, aunque el equivalente al DNI para los japoneses sería la tarjeta médica o el pasaporte, ellos no tienen la obligación de llevarla encima. Algún día contaré cuatro cosas sobre el trato desigual- para bien y para mal- que sufrimos los extranjeros en Japón, que seguro que alguien se sorprende.

El caso es que decidí no ir a la policía y esperar al menos un par de días- era domingo- porque sí algo bueno tiene este país es que la gente es responsable y suele ser considerado con los demás y pensé que quizás alguien me acercaría la cartera o intentaría localizarme.

Contándole lo ocurrido a mi suegra, me comentó que debía ir a denunciarlo rápidamente, porque aunque hubiera cancelado las tarjetas de crédito, alguien podría utilizar mi tarjeta médica para pedir dinero en algún circuito más o menos ilegal, y me podría ver en problemas cuando se descubriera que la identidad había sido cambiada. ¿Te imaginas a la yakuza llamando a la puerta? No sería agradable pero el blog lo hubiera agradecido.

Así que fuimos a la comisaría más cercana, una de estas pequeñas koban- estación de policía de barrio- y tuvimos la suerte de que había agentes dentro. Las puertas suelen estar abiertas y hay un teléfono que se puede utilizar para llamar a los agentes que estén de guardia por la zona, si no me equivoco, pero no fue necesario.

Rellené con la ayuda de Asami el papeleo, y me advirtieron de que por mi “tranquilidad” tenía que sacarme una nueva tarjeta de extranjero lo más rápido posible, no vaya a ser que me parase la policía y tuviéramos un poco de lío. Más allá de este comentario, que me toca las narices no por la policía sino por la ley que lo ampara, nos trataron con mucho respeto y trabajaron relativamente rápido, para lo que suele ser habitual aquí.

Ya me había mentalizado para ir a la oficina de extranjería, y preparado mentalmente para todo el dolor de cabeza que suponen este tipo de gestiones, cuando recibí una carta de la comisaría de policía de Hirano que me comunicaba que podía pasar a recoger mi cartera. Por lo visto un empleado del centro comercial donde trabajé ese día había tenido el detalle de llevarla allí.

Al día siguiente- dio la casualidad que trabajaba también en la escuela de Hirano- me dirigí a la comisaría llevando conmigo el pasaporte, una carta del banco con mi dirección, y la carta de la policía. Nada más entrar vi la ventana de objetos perdidos- otoshimono– que afortunadamente lucía en perfecto hiragana おとしもの porque de haber sido kanji me hubiera pillado en fuera de juego.

Entregué la carta con las palabras saifu o otoshite tori ni kimashita– he venido a recoger la cartera que perdí, y me hicieron esperar unos minutos.

No me pude resistir y asomé la cabeza por ventanilla para ver que es lo que había por allí dentro. Aquello parecía el rastro de Madrid.

Lo que más me llamó la atención fue una jaula con dos loros dentro ¿Perdieron la jaula con los loros o únicamente los loros y alguien se había encargado de meterlos en la jaula?

Tras rellenar más papeleo, recogí mi cartera y salí.

Por supuesto estaba todo dentro, pero me quedé con las ganas de saber que hubiera pasado si hubiera llevado dinero encima.

Sinceramente, creo que lo habrían devuelto.

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  1. Tom

    Jajaja valla, que buena suerte, si me habían contado de que la sociedad Japonesa es muy responsable y respetuosa en ese sentido, y que por lo general, siempre que alguien encuentra algo tirado en la calle, de preferencia Documentos personales suelen llevarlos inmediatamente a la policía, y la misma trata de ubicar al dueño para poder devolverle sus pertenencias,
    lo que me causo un poco de gracia fue la parte que dices, que no resistías y asomaste la cabeza , para ver lo que acontecía dentro, bueno pues que te digo tus anécdotas me hacen soñar, ahora estoy mas animado que nunca en conocer el país del sol naciente…

    Saludos Mr. David, y gracias por el nuevo post

    pd.- le envié un archivo por mail haber que pinta tiene, le agradecería sus comentarios

  2. Jaume Estruch

    Menos mal que donde estás, la gente es más respetuosa.
    Como dice, japangaijin, aquí hay muuuchas probabilidades de que o no te devuelvan la cartera o que si te la devuelven, sea sin dinero xD

    Un saludo!

    • Creativo en Japón

      ¡Gracias Salva! Es interesante lo del artículo. Yo no tengo ningún título de psicología así que poco puedo decir al respecto, pero me da la sensación de que el fenómeno “hikikomori” sólo puede ocurrir en Japón y en casos de padres (internacionales) ultra permisivos, le quitas al hijo internet, la electricidad y la comida y verás que rápido que sale del cuarto. Aquí se dan muchos más factores, como la vergüenza familiar de tener un hijo así, la presión social, la exigencia…

      ¡Saludos!

  3. Yessy

    Me encanta eso de la sociedad japonesa , en cambio por aquí si me olvido mi cartera ya no aparece nunca más y ni para pensar que alguien lo devolverá 😛

  4. San

    Que suerte! Menos mal que allí son de devolver las pertenencias. Por cierto, sería genial que escribas más sobre la policia japonesa y sobre ese trato desigual hacia los extranjeros que mencionas al principio. Buen fin de semana.

  5. Dani Mejias

    Suerte que acabó bien, aunque en Japón lo más probable es que acabe así. Me han contado muchas sobre el trato de la policia a los gaijin pero nosotros por suerte nunca tuvimos una sola mala experiencia en un año entero, tal vez por ser pareja gaijin… un amigo nos dijo que eso “les parece kawaii”.
    Una cosa que nos pasó que tiene que ver con el koban es que una vez, al salir de clase, mi mujer perdió su teléfono. Lo buscamos y rebuscamos por todas partes y nada… al final decidimos ir nosotros dos y una amiga al koban más cercano a explicar eso y bueno, que si alguien lo llevaba, era nuestro. Lo del koban fue el último recurso, miramos por todas partes, de verdad…
    Total, que el policía del koban se puso a llamar por teléfono a otros koban preguntando por el teléfono, aquello parecía una peli de espías (en España te dicen directamente que te olvides). Cuando ya acabó de hacer llamadas y de consultar si ellos tenían algo nos sacó un documento para rellenar. Lo estuvimos rellenando y, al acabar, no recuerdo bien el motivo pero me dio por bajar la mirada. Mi mujer llevaba un paraguas y… oh, sí, el teléfono estaba dentro del paraguas. Habíamos ido con el teléfono a todas partes sin saberlo… aproveché a la que el policía no miraba para, con gestos, decirle a mi mujer que el teléfono estaba dentro del paraguas pero que, sobre todo, no dijese nada (para que pensase que le tomábamos el pelo y nos enchirona, vamos!). La amiga que estaba detrás tuvo que salir del koban porque se le escapaba la risa y nosotros con toda la educación del mundo le dijimos al policía que gracias por todo y que ya si eso ya pasaríamos otro día a ver si lo habían encontrado, pero que adios y que nos vemos en McDonald’s, mientras el agente seguía insistiendo en hacer sus pesquisas dignas de Holmes.
    Nos pasamos medio camino hasta casa riéndonos del ridículo que sentimos… pero me quedé con la sensación de que, ni que sea por un teléfono, se mojan por tí. El año pasado en España me robaron la radio del coche y los mismos policías me decían “no hace falta ni que hagas la denuncia, no la vas a recuperar”. Así nos va. Lógicamente la hice, pero ciertamente, no la recuperé.

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