De Tokio a Hiroshima, siete días y un Japan Rail Pass IV

Llegué a Hiroshima de buena mañana con dos preocupaciones en mi cabeza. Qué hacer con mi equipaje y cómo narices llegar a la isla de Miyajima.

Mi anfitrión, Yasumasa, no iba poder recogerme hasta que terminara de trabajar, alrededor de las 8 de la tarde, así que tenía que dejar todos mis trastos en algún lugar seguro y bien situado. Aunque cometí un error que me costó tiempo y dinero, el primer problema lo solucioné rápido. Terminé dejando el equipaje en la estación de Hiroshima, de la misma forma que hice en Kioto, dias antes.

El segundo problema resultó ser una tontería, ya que en el planel explicativo de los trenes de la ciudad venía detallado en perfecta lengua de Shakespeare. Además el nombre de la estación donde se tomaba el ferry ya daba suficiente información por sí misma… Miyajimaguchi.

Una vez allí no había más que dejarse llevar y seguir a la multitud de gente que había tenido exactamente la misma idea que yo esa mañana. Tras caminar unos 5 minutos llegué a una zona portuaria, justo para observar como un gran ferry se acomodaba cerca de los muelles.

Ya en marcha, con los motores funcionando, te das cuenta de que Japón es país formado por muchísimas islas, dicen que 6842  ( aunque muchas de ellas son prácticamente islotes). Unas vistas preciosas.

El famoso Torii flotante de Miyajima

Al poco tiempo de viaje, empezó a asomarse el, posiblemente, más conocido Torii de todo Japón, el Torii flotante de Miyajima, que da la bienvenida al templo de Itsukushima. El viaje no duró más de 15 minutos, y como era lógico, muy poquita gente aguantó sentada en las butacas.

Improvisando, como siempre, me dispuse a explorar la isla, sin más peligros que los ciervos que campan a su ancha por todas partes. Totalmente inofensivos salvo que tengan algún mal día por dios sabe que razón. Muy curioso, caminar entre ciervos en plena civilización.

Miyajima, como era de suponer, estaba preciosa en esa época del año. Las hojas de los árboles se disfrazaban de rojo y amarillo. El espectáculo visual era deslumbrante.

Regresé a Hiroshima, más o menos a la hora de comer, aún tenía unas cuantas horas por delante y bastantes cosas por descubrir antes de encontrarme con Yasumasa en la estación principal.

Hablar de esta ciudad es hablar de la historia de la estupidez humana, de como una civilización es capaz de destruirse a sí misma. También es hablar de esfuerzo, y entrega sobre humana para volver a levantar toda una población de la nada. Lugares como este,  o como Auswitch en Polonia o Murambi en Ruanda, deberían ser visitados y recordados para evitar repetir estupideces similares en el futuro. Por esta razón, el primer lugar a donde me dirigí nada más volver de Miyajima fue el Parque Memorial de la Paz, con su triste pero necesario Museo de la Paz, o paradójicamente, el museo de la Bomba Atómica.

A la derecha de la imagen, la cúpula de Genbaku

La cúpula de Genbaku

La famosa cúpula de Genbaku, uno de las pocas construcciones que quedó en pie tras la explosión, se encarga de introducirnos en situación unos metros antes de llegar a la explanada, lo que vamos a ver a continuación no va a ser nada agradable.

No sé si por sugestión o marcado por el estupor ante la visión de ciertas imágenes, pero era muy difícil resistir emocionarse en un lugar como este. Fotografías de la época, objetos fundidos entre sí por la radiación, reproducciones de niños bajo los efectos de la bomba, en definitiva imágenes y documentos tan duros como necesarios.

Salí del museo tocado pero satisfecho de haber tenido la oportunidad de visitarlo, tomé el tranvía y me planté en el centro de la ciudad.

Su castillo, originalmente levantado en 1589 fue totalmente arrasado y reconstruido de nuevo, como todo en la ciudad. Por eso Hiroshima es una ciudad tan moderna y dinámica, por una parte, y escasa en atractivos turísticos, por otra.

Con tanto paseo arriba y abajo, se me hizo la hora de reunirme con mi anfitrión. La primera sorpresa llegó cuando le vi subido en un flamante BMW, hasta entonces siempre me había encontrado con gente que venía a pie. Me contó que era ingeniero y que trabajaba en Mazda. Me llevó a su casa y me preguntó si había cenado. Le contesté que no, había estado a punto, pero decidí esperarle. Perfecto, me dijo, agarró el teléfono y en un momento había organizado una cena con unos cuatro amigos.

Insistí en que tenía que buscar un Citibank, como no, y me dijo que me olvidara de eso, que no había problema.

Fuimos a un restaurante de cocina japonesa, y al poco tiempo llegaron un par de amigos de Yasu. Había reservado una sala para nosotros solos y enseguida demostré mi incapacidad para cenar en el suelo, al estilo japonés.

Cenamos muy bien, una serie de platos típicamente japoneses, como erizo de mar ( uni), sashimi, y otras delicias. Llegó la hora de pagar y me dijo, que me olvidara del dinero, que yo era un invitado suyo y que era impensable que pagara. Esto fue sólo el principio.

Fuimos a tomar unas cervezas, que por supuesto corrieron por su cuenta, y continuamos las largas conversaciones que habíamos comenzado en el restaurante. Cada uno de ellos se mostó muy interesados por mis historias, por mi relación con las mujeres, mi vida en Japón. Y pronto, decidir a donde iba a ir el dia siguiente, recordad que había dejado el día en stand-by, se convirtió en el trending topic de la noche.

Me dijeron que una vez en Hiroshima no tenía sentido que volviera hacia atrás, que debería visitar Shikoku, lugar que posiblemente iba a tener dificultades de visitar en el futuro. Contesté que para mí todo era nuevo y que cualquier destino me era atractivo, pero que ir allí suponía un problema de tiempo y de conexiones ferroviarias.

¿Pero que dices? Te llevamos nosotros.

Volvimos a casa y por supuesto, Yasu no dejó que durmiera en el futón, yo ocupé su cama y él durmió en el suelo. Me dijo que era la única forma, y para no ofenderle, acepté a regañadientes.

Amaneció el día pronto y partimos hacia Shikoku, una de las cuatro islas principales de Japón, pero menos extensa y poblada. El destino iba a ser Kagawa, Kotohira en concreto, para visitar el templo más popular de la isla, el Konpira-san, o lo que es lo mismo, el templo de los viajeros. Este templo, o conjunto de templos, es conocido por los 1368 escalones que hay que subir para llegar hasta arriba. El templo principal, requiere únicamente 785 peldaños, pero si subes más, queda alguna que otra sorpresa.

¡Arriba!

Pero antes de eso, se hizo la hora de comer, y mis nuevos amigos insistieron que debía probar los fideos Udon de la zona que eran conocidos en todo el país. Nos sentamos en una especie de mesa de pic-nic de madera que formaba parte de la terraza del restaurante, tras haber elegido lo que íbamos a tomar. Un bowl enorme de udon y un poco de tempura. El local era muy peculiar, rozando lo cutre, pero la comida estaba espectacular. Una vez más me quedé con la cartera en la mano, y por si fuera poco me compraron un par de omiyage ( recuerdos) consistente en paquetes de ese tipo de pasta para que compartiera con los míos.

Muchos escalones más tarde.

Desde arriba las vistas eran muy bonitas, y si no recuerdo mal, Yasu y Yoko me comentaron que uno de los picos que se podían ver desde allí era conocido como el pequeño Fuji, ya que era una “copia” prácticamente exacta del Fuji-san.

Inmortalizamos el momento y nos preparamos para bajar de nuevo.

Llegó un momento que la hospitalidad de estos chicos de Hiroshima ( aunque Yasu es de Fukuoka) se volvía difícil de asimilar. Era demasiado. Incluso me acercaron a la estación de tren que más me convenía para mi enlace hasta a Tokio, llegando a invertir más de hora y media que luego tenían que deshacer.

Yasu sabe que estoy en deuda con él y si alguna vez nos volvemos a encontrar, me encargaré de ser, al menos, la mitad de buen anfitrión que él lo fue conmigo.

Aquí termina el relato de este viaje. Hace dos años edité este pequeño video, que en parte, os permitirá visualizar algunos de los momentos que menciono en las líneas que dejo atrás.

¡Gracias por leer y por tanta paciencia!

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    • Creativo en Japón

      Me alegra un montón lo que dices, porque si el relato de algo que pasó hace dos años resulta interesante, lo que escriba en menos de dos meses imagino que será como mínimo igual de interesante ( y puede que mejor contado) 🙂

  1. Hasuko

    ¡Cuánta hospitalidad! Así da gusto… Aunque a mi me daría un poco de corte tanta atención. ¡Bonitas fotos! Haces unos vídeos increíbles 😉

  2. Guillem

    Un viaje realmente hermoso. Que suerte haberlo podido hacer! Y, en fin, buena gente que encontrastes por el camino. Me ha producido un gran placer leerlo. Un abrazo
    Guillem

  3. Salva

    Geniales fotos y material. Hay dos cosas que me han llamado especialmente la atención que yo creo como español que aquí no se producirían: La convivencia tan estrecha que tienen los ciervos con los humanos y esa casi infinita amabilidad de Yasu y sus amigos. Una muy grata sorpresa para ti supongo, saludos!

    • Creativo en Japón

      Gracias Salva 🙂 sí, lo de los ciervos es curioso. Son famosos también los de Nara 🙂 y sobre Yasu, que quieres que te diga, fue una experiencia bonita y gratificante. Este tipo de cosas tienen especial valor cuando estás tan lejos de casa…

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